Crianza

Lo de quitar el paquete

Retomo la escritura de experiencias de maternidad, mermada por la apatía propia de esta maldita pandemia que vivimos. Y la retomo para explicar cómo hemos vivido nosotras el proceso de quitar el paquete y aprender a hacer pipi y caca en el orinal. El famoso “control de esfínteres”.

Para quien no haya leído otros posts, mi hija nació el 28 de Diciembre y fue prematura. Este curso 2020/21 entraba en primer ciclo de infantil, y en los colegios españoles de esa etapa está prohibido llevar paquete. Yo el año pasado ya intuía que este punto iba a dar problemas, siendo mi hija, aunque muy espabilada, la más pequeña de la clase por tres días.

A esto hay que añadir el hecho de que en el confinamiento de 2020, hubo un parón e incluso un cierto retroceso en las habilidades que iba adquiriendo. En Julio asistió otra vez a la guardería, pero no me ayudaron a quitarle el paquete, de hecho me impidieron que lo hiciera, por normativa Covid, para tocarla menos (sic).

Así que nos plantamos en Agosto, a un mes de ir al cole, con el paquete en el culito aún. Pues nada, se lo quitamos a lo bestia, sentándola en el orinal durante horas para que hiciese pipí. Ella antes había querido hacer pipí “como los mayores”, pero no era capaz de controlar nada. Pasamos un mes (en la Galicia de mi padre) de lo más húmedo y oloroso. Desde dejar excrementos en varios toboganes de las Rias Baixas y pasar una tarde limpiando uno con la ayuda de otros padres en plaza Galicia de Santiago de Compostela, hasta tener que comprar mudas espontáneas en una excursión y otras anécdotas variadas.

Orinal de Peppa, nuestro amigo por fin.

Llegamos al momento de empezar el nuevo colegio y la cosa seguía fuera de control, para el estrés de Carmen y el mío. En la reunión con la nueva tutora se lo comento, diciéndole que la niña no está preparada para nada, y que la estamos forzando a dejar el paquete antes de tiempo. La tutora se muestra muy comprensiva, y me comenta que en ese cole (CEIP Luis Vives de Valencia) los suelen cambiar, aunque por normativa COVID deberían tocarlos lo menos posible. Porque hay otros colegios públicos que los dejan sin cambiar hasta que viene un familiar (aunque suene inhumano dejar a un niñ@ cagado dos o tres horas).

¿Cómo se desarrolló el primer trimestre? Pues daré un dato que lo describe todo: Carmen hizo caca en el orinal TRES VECES de Septiembre a principios de Enero. Prácticamente todos los días me devolvían ropa en una bolsa (o bolsas) en el colegio, meada, cagada o ambas. Un día hubo que salir corriendo a comprar unas zapatillas y llevarlas al colegio porque llevaba las suyas chorreando de pis. Me compré una lavasecadora porque no daba abasto a lavar y secar tanta ropa. Me acostumbré a que todas las tardes me olieran las manos a caca, cuyo olor por cierto, no se va con gel hidroalcohólico si no que de hecho empeora bastante. Para más inri Carmen tiene especial predilección (aún a día de hoy) por defecar fuera de casa, especialmente en el parque, se le debe activar el sistema digestivo con el ejercicio y los columpios. Así que las situaciones bizarras de cambiarla en cualquier sitio procurando manchar mobiliario urbano y nosotras mismas lo menos posible dan para una serie cómica muy escatológica. Mi nivel de estrés crecía por momentos al ver que pasaban los meses y no se solucionaba. Unos días le reñía, otros pasaba de todo y otros me echaba a llorar.

¿Y cómo vivió el proceso la niña? Al principio si se quedaba meada, como se secaba le importaba poco. Seguía jugando hasta que yo me daba cuenta de que estaba mojada. Con la caca si era dura, lo mismo. Conforme pasaban las semanas, ya le daba más reparo y sobre todo no le gustaba tener el culo en pompa delante de otros niños. A partir de ese momento, alrededor de un mes antes de cumplir tres años, empezó a darle más rabia los escapes. Se frustraba porque se le escapaba. A veces no me lo decía para evitar mi enfado. Estábamos las dos hartas por igual. Los pipis eran menos problema y aproximadamente la mitad iba al orinal, pero las cacas todas directas a la ropa. En Navidad yo no pude más y le volví a poner paquete dos días. Esto nos dió un respiro, unos momentos de relax. Dicen que es contraproducente, pero en nuestro caso fue un descanso más que necesario.

Llegó el cumpleaños y la vuelta al cole después de Navidad. Un día, de repente, me dijo “mamá voy a hacer caca en el orinal”. Fue y la hizo. Y ya está. A partir de ahí, no hubo más ropa que tirar a la basura por empastramiento supremo. Fue un clic en su cerebro y nada más. Ya lo había pillado. Fin.

Así que si estáis pasando mucho estrés con el tema del pañal, pensad que no es culpa ni del niño ni del padre o la madre. Es un proceso madurativo que va sólo. El problema es la cerrazón del sistema educativo español con que todos los niños dejen el pañal a la vez hacia los 2.5 años. Mi gran reflexión es: ¿Es tan difícil respetar el ritmo de cada niñ@?. ¿Es tan difícil contratar una persona que les cambie el paquete si los profes no quieren o no pueden, cosa que en muchos colegios no se hace?.¿Por qué no se deja a los niños de primero de infantil más libertad en ir con paquete al cole?. Me resulta incomprensible lo mire por donde lo mire, tanto llenarse la boca de métodos Montessori por ejemplo, y no adaptarse a un proceso que es cognitivo y nada más.

Por último, un gran agradecimiento a la profesora Ana Rodríguez y a todo el personal del CEIP Luis Vives, que tanta paciencia han tenido con mi hija (y con su madre).

No hay fotos en este post porque no creo que os interese ver cacas…

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